domingo, 15 de octubre de 2017

Mejor solo que bien acompañado


Durante un largo tiempo te la pasas quejándote de tu mala suerte en el amor, te cuestionas si el problema eres tú o los demás, te rompes la cabeza preguntándote por qué no han funcionado ninguna de tus ultimas salidas y le prendes velitas a todos los santos, o en lo que sea que creas, para que llegue de una vez el indicado que te acompañe por muchos días.

Una mañana soleada y con los pájaros cantando en tu ventana alguien toca la puerta de tu casa, es él, lo que tanto pediste, por quien tenías de cabeza la estatuilla de San Judas Tadeo, el príncipe azul que soñabas cuando hacías cucharita con tu almohada por fin ha llegado a ti.

Es más grande que tu, de los que te abren la puerta y te mandan flores (Becky G estaría en charcos), te recoge de todos lados, te dice buenos días y buenas noches, es cariñoso  y no le da miedo presentarte al mundo entero porque se proyecta contigo a futuro, pero... qué es esa extraña sensación? o mejor dicho, por qué no sientes ni la más mínima sensación?

Es un sábado por la noche, pero prefieres trabajar y dedicarte a tus proyectos personales o simplemente dormir. Te gustaría gastar tu dinero en ti y no en una cena con él y cuando por fin lo ves piensas en todas las cosas "productivas" que no estarás haciendo por las próximas 3 horas.

Es ahí cuando te das cuenta que en realidad no necesitas un príncipe azul, que solo te necesitas a ti mismo, que quizás maduraste y por fin ha llegado el momento de pensar en ti, de preocuparte por ti y por tu futuro y no vivir en una novela rosa de Televisa o en un constante casting de novios.

Es lindo, es atento, sabe lo que quiere, pero tu también, y en este momento es mejor estar solo que bien acompañado y lastimar a alguien cuando la prioridad de tu vida eres tú y por fin lograste ser independiente.

El príncipe aún puede esperar unos años más.