sábado, 4 de enero de 2014

El Reino de Cristal

En el reino de Cristal vivía la princesa Ariana. Este reino se llamaba así, por una peculiar y triste razón, 1 de cada 10 de sus habitantes, nace con el corazón diferente a los demás, un corazón tan delicado como un cristal, el cual puede “romperse” si la persona guarda demasiada tristeza y angustia en él. Las personas con el corazón de cristal, deben tener una vida feliz y libre de preocupaciones para así poder sobrevivir.



Ariana era una de esas personas que poseía el corazón de cristal. Ella vivía en un castillo enorme, con un gran jardín, rodeada de naturaleza. Desde pequeña, sus padres los reyes, le contaban cuentos sobre historias románticas, de princesas y príncipes, sin embargo, a diferencia de otras niñas, Ariana aparentaba no mostrar interés en el amor.

La princesa era distinta a sus amigas, ella no jugaba a que un príncipe la rescataba en su caballo, ella jugaba a ser la heroína de sus historias. Ariana decía tener todo lo que necesitaba, su castillo, sus padres, sus pequeñas amigas y muchos juguetes, era feliz.

Los años fueron pasando, y la pequeña Ariana creció. Ante sus ojos veía como una a una, sus amigas, iban comprometiéndose, casándose o poniéndose de novia con algún chico salido de una buena familia.
Mientras tanto, sus padres cada día tenían menos tiempo para ella debido a los problemas que venían presentándose en el reino. Los juguetes ya no eran suficientes, sus amigas pasaban mucho tiempo con sus novios o esposos y no podían salir como cuando eran niñas. Ariana empezaba a conocer lo que era la soledad.

Es así como la princesa fue entendiendo que sí necesitaba alguien a su lado, alguien a quien amar y cuidar, ella no quería ser solo una princesa en apuros a quien venían a rescatar. Ella necesitaba sentir que podía rescatar a alguien, quería convertirse en esa heroína a la que jugó ser cuando era niña. Ariana quería sentir que alguien la necesitaba, quería proteger a alguien, aliviar sus penas y cambiarlas por sonrisas, necesitaba poder compartir su tiempo con alguien y así, vivir felices.

Ariana comenzó a buscar al chico de sus sueños, ella no podía esperarlo en su balcón, ella necesitaba tomar la iniciativa y salir a la aventura, aunque eso pudiera ser poco usual en una chica del reino.
La búsqueda no tenía éxito en los primeros meses, para Ariana era difícil que un chico llame su atención, con el tiempo logró conocer a un muchacho que vivía cerca al castillo, pero éste sólo le rompió el corazón pasadas unas semanas de conocerse.

Ariana, quien se había enamorado, lloraba noches enteras y ahora buscaba poder olvidar la imagen de aquel primer amor. Así pasaron más dolorosas decepciones que comenzaban en ilusiones y que se transformaban en pesadillas angustiantes, las cuales siempre tenían el mismo final, una princesa sola en su habitación contemplando el cielo y preguntándose la razón de su mala suerte.

Una noche, en una fiesta realizada en el castillo, sus amigas decidieron presentarle a Ariana a un joven llamado Ernesto, quien vivía en un reino vecino. Ariana y Ernesto bailaron toda la noche mientras sus amigas los contemplaban. Ernesto parecía diferente a todos los demás muchachos que la princesa había conocido, era maduro, independiente y ya pasaba los 25 años.

Las citas comenzaron, acompañadas de palabras dulces, cada salida era aún mejor que la anterior, sin embargo, luego de unos meses Ernesto se mostraba distante. Parecía ya no necesitar a Ariana, ni aparentaba tener interés en verla y luego de unas semanas de silencio, decidió buscarla para poner fin a lo pudo haber empezado. Luego de unos días, las amigas de Ariana encontraron la razón de su repentino alejamiento, había era otra chica en su vida, Ernesto estaba interesado en alguien más.




La princesa agradecía los esfuerzos de sus amigas por alejarla de la soledad, pero su pena era muy profunda, no sólo era la desilusión por Ernesto, se estaba ahogando en recuerdos de todo lo que había pasado antes de conocerlo a él y así, entre lágrimas y sintiéndose sola, Ariana miró el cielo estrellado que tanto soñaba compartir con alguien, cerró sus ojos por unos segundos y estos no volvieron a abrirse nunca más ya que su corazón de cristal se había roto en mil pedazos.

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